El deporte como obligación laboral

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Viveka, Johan y Karine son los tres protagonistas de la historia del sueño laboral en Suecia. Viveka es enfermera en el Hospital Universitario Karolinska de Huddinge (Estocolmo). Johan es ingeniero de la Armada Sueca. Karine es secretaria. Y todos tienen una hora de deporte en su horario diario que deben cumplir obligatoriamente por orden de su empresa y dentro de sus horas de trabajo.

 

Mientras en países como España o Grecia aprovechamos la hora de la comida para ir a correr, al gimnasio o a la piscina (con la consiguiente rapidez a la hora de comer), las compañías suecas han decidido retribuir la hora de ejercicio físico para que todos los empleados paguen sus clases en centros deportivos cercanos al trabajo. Generalmente, la cuantía sube a 500 coronas por empleado (unos 520 euros) exoneradas de impuestos.

 

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Algunas empresas suecas despiden a sus empleados si se niegan a hacer deporte

En la empresa donde trabaja Karine, las tres horas de entrenamiento semanales son obligatorias por decisión del director general. “Si uno no quiere hacer deporte e integrarse en la cultura de la compañía, se marcha”, declara Karine sin parpadear, aunque ella todavía no ha visto a nadie que haya dejado su puesto por este motivo.

Los objetivos son claros: productividad, rentabilidad y saber convivir con altos y bajos puestos. “No hay nada como ver a un jefe en mallas para ver que es una persona normal”, suelta Johan entre risas. En 2014, un estudio de la Universidad de Estocolmo demostró que practicar una actividad física durante la jornada laboral tenía ventajas para el empleado (que se concentra mejor y padece menos dolores musculares) y el empleador, que consigue una reducción del 22% del absentismo laboral. 

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Más de la mitad de los suecos hacen deporte entre dos y tres veces por semana. Suecia está considerado el país más deportista de Europa

Johan aprovecha esta hora obligatoria para hacer Pilates, ya que en su caso “tengo problemas de espalda y tiendo a embotarme pronto”. Además, normalmente hace más deporte cuando sale de trabajar. Y en el caso de Viveka, es más complicado cambiar el uniforme de enfermera por las deportivas, así que el hospital Karolinska ha habilitado salas de musculación y entrenamiento libre para que cada trabajador se organice y aproveche el ratito que mejor le convenga. “Es un buen momento de desconexión y no existe la presión de que tienes que volver corriendo al trabajo, no vaya a ser que alguien vea que no estás”, dice Viveka.

El resultado parece ser bueno. “Trabajamos mejor”, coinciden los tres.

“Plogging” o el secreto sueco para recoger basura mientras haces abdominales

Los deportes en Escandinavia son bastante particulares. Un mismo ejercicio suele recoger varias disciplinas que entrenan tanto el cuerpo como una determinada habilidad mental o actividad que va en beneficio de la sociedad. Y siguiendo estos principios, ya hay una nueva tendencia deportiva en Suecia. Se llama “plogging” y se trata de recoger la basura que encuentres por la calle mientras sales a correr.

Además de botella de agua, toalla y zapatillas, los “ploggers” tendrían que armarse con una bolsa en la que puedan meter la basura, desperdicios u objetos que se vayan encontrando en el camino. La práctica comenzó en Estocolmo, pero se propagó rápidamente a Noruega y Finlandia, y poco después desembarcaba en Escocia o incluso en Francia.

Tal ha sido la acogida que existen ya grupos que salen a correr y que establecen retos en las redes sociales. Una aplicación permite crear un perfil, rastrear la actividad de recogida de residuos y contar las calorías quemadas, ya que mientras te agachas y vuelves a retomar el paso, estarás haciendo abdominales o sentadillas.

Trabajar para vivir, no vivir para trabajar

¿Saben nuestros tres protagonistas que en España se trabaja un mínimo de ocho horas y que, si puedes echar unas cuantas más en la oficina mejor, porque se supone que cuantas más horas pasas calentando la silla frente al jefe, mejor trabajador eres? Sabían que en el sur de Europa se trabaja más del doble de horas que la media de la Unión. Pero simplemente no lo entienden.

“¿Y cuándo ves a tu familia? ¿Y no haces ejercicio?”, me pregunta directamente Karine. “Si estás obligado a quedarte hasta las ocho, no hay incentivos para ser eficiente. ¿Para qué? Total, si te vas a tener que quedar igual hasta las tantas…”, razona Viveka. Johan no entiende cómo los avances tecnológicos no han supuesto mayores cambios en países como España. “Hay días que no piso la oficina si no tengo reuniones y trabajo desde casa mis seis horas. Ahora estamos conectados continuamente. A golpe de teléfono, videoconferencias, Internet, lo que quieras”.

Ésa es otra: las jornadas de seis horas están en fase de pruebas en Suecia. De momento, no ha habido mucha unanimidad de opiniones, puesto que para las empresas supone perder más dinero al tener que contratar a más personal para suplir las horas de vacío, pero el experimento ha tenido un gran éxito entre la sociedad, que se puede permitir encargarse de su familia, ver a los amigos, ir al cine o a hacer deporte mientras siguen siendo igual de productivos y cobran lo mismo. Tal y como hacen Viveka, Johan y Karine.

Johan

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Gran aficionado al deporte, nunca deja de practicarlo

Él es el único de los tres que está casado. Tiene dos niños, de dos años y de nueve meses. Su mujer disfruta ahora de la baja por maternidad. Él ya la ha tenido. Johan puede organizar su vida laboral en función de su vida familiar: si tiene que llevar al mayor a la guardería, le llevará con toda tranquilidad porque su jefe no le va a poner mala cara si llega 30 minutos tarde. “Mientras las cosas estén hechas…”, explica Johan. Si uno de los dos está malito, puede llamar a su jefe a decirle que ese día se queda en casa. De hecho, existe un verbo en sueco para decir “mi hijo está malo, trabajo desde casa”: vab. Su jornada laboral empieza a las nueve y termina a las tres. A continuación, recoge a su hijo mayor de la guardería, lo deja en casa y se va a jugar al fútbol con sus amigos. A las cinco ha vuelto, listo para jugar con sus hijos, hablar largo y tendido con su mujer, cenar, acostar a los pequeños y leerles un cuento. Entre las ocho y las nueve está en la cama.

Viveka

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A Viveka le da tiempo a tener el doble de ocio en un día de lo que muchos españoles tenemos en un mes

Viveka se ha independizado hace poco de sus padres. Vive sola en un apartamento del barrio de Stuvsta, rodeado de bosque, con un lago y a tres paradas de tren de donde trabaja. Ella lo tiene aún más fácil que Johan: “Me suelo levantar temprano y así hago todo el ejercicio que quiero. Luego me da tiempo a volver a casa a ducharme y a acicalarme para ir al hospital”. En su caso, su trabajo es más presencial: está de cara al público y puede alargarse más allá de las seis horas o incluso que le toque guardia. Pero normalmente le sobra tiempo. “Toco el clarinete desde hace muchos años, así que por la tarde, sobre las cuatro, voy a ensayar dos horas. Cuando llego a casa ya es hora de recogerse, así que ceno y me acuesto para madrugar al día siguiente”. Siendo enfermera, en un sólo día, ha hecho lo mismo que muchos españoles querríamos hacer en un mes.

Karine

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La empresa de Karine tiene una sala de ejercicio a la que deben acudir tres veces por semana

Karine vive en Slussen con su novio. Su trabajo de secretaria es 100% flexible. Sólo tiene que cumplir dos condiciones: llevar las agendas de su jefa bien actualizadas y estar localizable en el móvil de ocho de la mañana a dos de la tarde. Lo que dura su jornada laboral. “A partir de las tres, mi jefa no me llama. Si algún día recibo una llamada suya o de cualquier compañero de trabajo, es que hay un verdadero fuego que apagar”. A las tres de la tarde y en adelante, está en el cine con su novio, haciendo un fika con sus amigas, yendo a visitar a sus padres y a su abuela o llevando al parque a sus sobrinos. El deporte lo hace en la oficina, en una sala que sus jefes han habilitado para que un instructor vaya tres veces por semana a darles clase de zumba. A ellos y a ellas. A jefes y a subordinados. “A la hora del deporte, todos somos iguales”, dice.

El secreto está en que todo el mundo debe ser responsable. “Siempre hay alguien que se aprovecha de la flexibilidad y hay que llamarle la atención”, reconoce Karine. “Pero lo normal aquí es que los horarios se construyen entre el jefe y el trabajador, de mutuo acuerdo y de forma amistosa. No hay enfrentamientos ni el cliché de que el jefe siempre es el malo. Si las cosas están terminadas en cuatro horas de seis que trabajas, mejor para ti”, corrobora Viveka. En este punto de la conversación, que mantenemos por Skype, Johan debe disculparse. Me está atendiendo mientras come (en media hora) y ya ha terminado. “Tengo que volver al trabajo. Cuanto antes vaya, antes me largo”, dice con una sonrisa.

 

 

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