Se cerró el grifo: Finlandia corta la prueba de la renta básica universal

El pasado mes de diciembre fue el último en el que 2.000 desempleados elegidos al azar cobraron 560 euros porque sí y libres de impuestos. Todo formaba parte de un experimento que el Gobierno de Finlandia y la Seguridad Social (Kela) puso en práctica hace dos años escasos: pagar esa cuantía a una muestra de población en paro simplemente por existir. Si funcionaba, el experimento se extendería a más sectores de la población. Pero el Ejecutivo conservador ha perdido la fe antes de tiempo: a mediados del año pasado, anunció que a partir de enero de 2019 el proyecto no se renovaría. Así ha sido. La renta básica universal se ha quedado en ensayo.

Después de que Suiza dijera “no” en referéndum y por amplia mayoría a la renta básica mensual, Finlandia llamó la atención del mundo entero cuando puso en marcha esta prueba. Iba a ser el primer país que encargara a su Seguridad Social la tarea de instaurar un programa experimental que buscaba estimular un mercado laboral cambiante, desigual y precario, supervisar el desarrollo del proyecto y estudiar el impacto que esa renta provocaba en la búsqueda de empleo, en las pensiones, en el pago de impuestos y en la economía del hogar, por ejemplo. Hubo quien también vio la posibilidad de eliminar algunas ayudas sociales y unificar otras.

Tras dos años pagando 560 euros sin impuestos mensuales de manera fija e ininterrumpida a esos 2.000 desempleados entre 25 y 58 años, el proyecto piloto iba a entrar en una segunda fase en la que se empezaría a pagar a todo el mundo: niños, estudiantes, ancianos, madres o padres solteros, parados (que, además de percibir la prestación por desempleo, recibirían el nuevo ingreso) y trabajadores (que no dejarían de percibir la nueva bonificación en ningún momento). Ese siguiente paso  no verá la luz, aunque el Ejecutivo de Juha Sipilä está dispuesto a “explorar otras alternativas de modelos de Seguridad Social”, según han señalado fuentes a Efe.

La principal diferencia de esta bonificación de prueba con respecto a la prestación por desempleo radicaba en que ésta última se corta cuando el beneficiario encuentra trabajo. Los 560 euros del proyecto seguirían percibiéndose siempre, con trabajo o sin él. Eso era precisamente lo más novedoso del sistema

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Manifestación en Helsinki en contra de los recortes en las ayudas por desempleo que llevó a cabo el Ejecutivo conservador de Juha Sipilä en febrero del año pasado / Reuters

¿Por qué?

Los expertos de la Kela pidieron ampliar en 2019 a otros 10.000 ciudadanos el programa con un presupuesto que podría haber alcanzado los 75 millones de euros anuales. Sipilä y su Gobierno no lo han visto claro y han decidido no seguir adelante, desoyendo desde el principio los consejos de dichos expertos. Lo cierto es que el proyecto fue criticado y aplaudido a partes iguales por distintos espectros políticos y económicos. Sus defensores pensaban que supondría un balón de oxígeno para todo el mundo, susceptible o no de perder su empleo. Sus detractores, que desincentivaría la búsqueda activa de trabajo.

Los ansiados resultados tendrán que esperar… y apenas despejarán dudas

Y por su parte, los expertos se quejan del poco tiempo que han tenido para implementar el experimento. Dicen que deberían haber contado con más inversión de días y de dinero para poder sacar conclusiones exhaustivas y válidas desde el punto de vista estadístico. Al caer la cancelación del proyecto como un jarro de agua fría, sus resultados se harán esperar: hasta finales de 2019 o principios del 2020 no sabremos si realmente Finlandia acertó o se equivocó en sus decisiones.

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Lo que los expertos ya van avisando es que, con un plazo de ensayo tan corto, los resultados del estudio serán poco concluyentes: por un lado, los datos preliminares demuestran que el nivel de ansiedad en algunas personas escogidas para la prueba -todas ellas desempleadas- se ha reducido. Pero esa conclusión no es extrapolable a otros participantes; y mucho menos a los miles de individuos que no han llegado a ser parte del proyecto.

La realidad sobre el terreno

La televisión pública finlandesa YLE entrevistó, al inicio del proyecto, al primero de los afortunados beneficiarios: se llamaba Juha Järvinen, era padre de seis hijos y artesano de profesión en paro desde hacía cinco años tras la quiebra de su negocio. El experimento le valió la pena porque pudo “dar un salto a la vida normal”. Con 560 euros de más en la cartera, la calculadora habló: pudo poner en marcha un proyecto audiovisual y abrió un hostal artístico junto a varios amigos. A día de hoy, ambos negocios están en pie y facturando.

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Juha Järvinen, el primer beneficiario del proyecto de renta básica universal en Finlandia / YLE

Como él mismo dijo, la diferencia “psicológica” entre el subsidio por desempleo y el proyecto de renta básica universal es que el primero termina cuando el beneficiario comienza a trabajar, aunque sea en un proyecto pequeño, de pocas horas y de poco salario. Precisamente porque algunos empleos ofrecen un sueldo más bajo que la cuantiosa prestación por desempleo, a muchos trabajadores les compensaría más seguir en el paro. La renta básica universal evitaría este extremo y además daría mayor libertad para aceptar pequeños trabajos, o incluso montar uno propio, como en el caso de Järvinen.

Finlandia, una vez más, ha dado ejemplo. Esta vez, de cómo no se debe poner en marcha un proyecto de reforma del sistema de Seguridad Social a gran escala. Con un Estado del bienestar mucho más desarrollado que el de otras latitudes, muchos finlandeses están de acuerdo en que hay que adecuarlo a los tiempos que corren. La cuestión radica en cómo y qué medidas serían las más adecuadas para no castigar a los más vulnerables, que ahora se ven abocados a tirar de pensión por desempleo hasta que encuentren algo. Y en ese momento, se les cerrará el grifo.

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